Reflexiones sobre la libertad de elegir.


 

El post de hoy debía empezar con la frase: En mi familia, las mujeres están “locas”. Es también el título de una novela que algún día terminaré, y si este blog llega a perdurar lo suficiente, tendrán la primicia. Sin embargo, aunque mi abuela fue una mujer fascinante de la que tengo mucho que contar, he decidido darle un giro a este escrito.

 

Acabo de ver nuevamente una película que me encanta porque dentro de lo que cabe es un ejemplo de respeto y amor, aunque a mi siempre me deja pensando sobre ese tema polémico, para el cual tengo una opinión que quizás resuene en algunos y para otros pueda ser chocante. Ya mencioné antes que este blog nació para hablar de cosas que me inquietan, cuestiones que me hacen reflexionar profundamente y, a veces, me llevan a ver el mundo de una forma diferente.

 

La narrativa de Me Before You explora la perspectiva de alguien que ha tenido una vida plena, pero que, tras un accidente, encuentra su vida irreconocible y vacía de significado. También plantea el derecho de cada persona a decidir el tipo de vida que quiere llevar, poniendo en juego temas como la autonomía, la dignidad de la autosuficiencia y el derecho a elegir.

 

Esta película vuelve a traer a mi mente preguntas que me he hecho siempre, pero que toman fuerza conforme pasa mi vida. Pienso en las pocas alegrías y las limitaciones que, como en el caso del protagonista, pueden definir la experiencia de cada persona a lo largo del tiempo, especialmente cuando una persona esta disminuida o muy enferma, y me pregunto de manera personal: ¿son esos momentos y pequeñas alegrías suficiente para intercambiarlos por un poco más de tiempo de vida? ¿ese dolor o ausencia del mundo, en algunos casos, vale la pena? ¿tenemos derecho a decidir si vivirlo o no? ¿deberíamos permitir que los demás se desgasten en cuidados para poder conservar un hálito de vida? ¿somos los demás responsables de las decisiones y el bienestar de quienes amamos? No creo que exista una respuesta correcta, estos cuestionamientos tienen tantas aristas como estrellas hay en el cielo.

 

Este tipo de dilemas también me lleva a pensar en el peso de la autonomía personal frente a la responsabilidad hacia quienes nos rodean. A menudo, la sociedad espera que las personas elijan lo que se considera éticamente "correcto", pero cada experiencia es única. La elección de Will invita a reflexionar sobre temas como la empatía y la compasión hacia decisiones individuales que quizás no compartamos, pero que tienen un sentido profundo para quien las toma.

 

Si bien los seres humanos somos sociales y familiares, entre muchas otras cosas, yo soy partidaria de la autorresponsabilidad hasta el último momento de la vida. Algunas decisiones personales pueden ser polémicas y dolorosas, como la historia de Will, pero, a veces, decidir sobre nosotros mismos y acompañar a otros en sus propias decisiones es el acto de amor, respeto y compasión más grande que podemos ofrecer a quienes amamos y nos aman.

  

En este momento de la vida creo esto y puede que cambie porque los seres humanos somos así: cambiantes. 



 

 

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