La vida es un pésimo buffet que al final tienes que pagar.


 

Llego al club de los cincuenta y una dama trae mi cuenta, reza una canción de Silvio Rodríguez. Bueno, yo ya he pasado la mitad del 5º piso y aún no sé a cuál de todos los clubes me inscribí. Los optimistas positivos y la mercadotecnia insistan en que los cincuenta son los nuevos cuarenta, yo tengo mis dudas. Más bien se sienten una mega cruda después de una borrachera de toda la noche. Despiertas allí, medio confundido, con un cóctel de malas y buenas decisiones en la mano y la certeza de que ese buffet de la vida está por cerrar, pero no te lo pierdas, te metiste a uno de pésima calidad aunque tenga algunas delicatessen y ya bien sea que pruebes todo o nada, igual tienes que pagarlo.

En este “club” no hay membresías que te den puntos platino para canjear por lifting facial, levantamiento de nalgas, ni devoluciones por los malos sabores de boca. Pero esto es como tirarte de un trampolín de 10 metros, nadas para salir o te ahogas y eso es una decisión muy personal.

Porque, seamos honestos, la vida es ese festín donde todo se ve delicioso, pero nada sabe como promete. Algunos comensales van directo a las ensaladas, convencidos de que la prudencia los salvará del caos y del sobrepeso. Y luego estamos los otros: los necios que le entramos a los tacos de "quién sabe qué ", el sushi con mango -que ni es sushi, ni es buena idea-, y ese postre de gelatina verde que parece diseñado en Marte.

Entonces volteas a ver a esos que han escogido un solo camino en la vida y que a simple vista emiten un brillo de superioridad, si, son esos que se sientan con sus platos ordenados y sus decisiones impecables y que brillan con una calma casi envidiable mientras tú te preguntas si le pusiste demasiada salsa a tus tacos o debiste comer ensalada o mejor más sushi. Son admirables, claro. El asunto es ¿no pidieron postre porque nunca lo vieron? O en verdad son iluminados que sabían que querían y que no querían en la vida.

Al ver tales personajes te preguntas si toda tu vida ha sido un error de la Matrix, Es posible. ¿Ha sido divertido? Definitivamente. El problema en este buffet es que, como dice Silvio, siempre hay una dama elegante e implacable que al final te trae la cuenta y jamás dejará de sorprenderte "la suma" porque, aunque creemos que ya hemos pagado suficiente, el universo parece no estar de acuerdo dado que ya nos envió al mesero con una advertencia de atragantamiento: a los 20 y tantos "Eso que estudiaste no paga las cuentas". A los 35 llega un recordatorio: "¿Por qué dejaste ese trabajo? Era estable". Y a los cincuenta y tantos... bueno, ahí ya no hay meseros, solo los fantasmas nostálgicos de todas tus decisiones. Y claro, el famoso if  o en español“¿qué hubiera pasado si…?” este primo que nunca vimos y que aparece frente a nosotros cada vez con más frecuencia cuando se está terminando la celebración.

Algunos creen firmemente que la vida es un camino. Yo digo que es más como este buffet barato al que entras con hambre de aventura. Vas por todo: un poco de esto, un poco de aquello ¿Quieres cambiar de carrera a los 50? Claro, mételo al plato. ¿Te antojaron clases de cerámica después de renunciar a tu chamba de 30 años? También va. ¿Te enamoraste de alguien más joven con gustos cuestionables y ahora estás en un taller de origami a las 3 de la mañana?  y qué? antes de que te des cuenta, tu plato parecerá una mala decisión hecha puré.

 

La verdad es que el club de los cincuenta (y cualquier club de la vida) no tiene reglas grabadas en piedra. La vida es la contradicción entre querer probar de todo y lidiar con las consecuencias. Pero, es irrelevante si te arrepientes de haberte comido el sushi o te quedaste con ganas de probar la gelatina verde. Lo que realmente importa es la actitud con las que asumes tus decisiones y, si te toca pagar con reflujo existencial al menos ríete mientras tomas antiácido.

 

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