Ser madre no es tan romántico, pero "no se es hija hasta no ser madre".

Las madres se festejan en mayo en casi todo el mundo, menos en algunos países donde la tradición o la religión marcan otras prioridades (muchos de ellos musulmanes, sí). Pero donde sí se festejan, el origen moderno - se celebraba las maternidades en la antigua Grecia y en Roma- de esta celebración… ¡adivinen! Pues sí, made in USA: principios del siglo XX, carta sentimental de una hija a su madre, luego marketing incipiente, y ahora… un día más para comprar, regalar y abrumar a las madres que solo quieren estar en pijama en su casa.

Y yo, que personalmente detesto estos festejos, me subo a la ola del marketing para escribir este post.

Ojo, no es que las madres no merezcan festejos ni celebraciones. Lo merecen todo. Pero cuando caes en cuenta de que también hay día del gato, del perro, del helado de vainilla y de la burbuja de jabón, descubres (no hay que ser muy perspicaz, ¿eh?) en cuenta de que el festejo viene más del calendario comercial que del corazón.

Ser madre me ha hecho mirar con otros ojos. Entender muchas cosas. Revisar otras. Y cambiarle el sentido a palabras como “sacrificio”, “paciencia”, “rendición” y “fuerza”, que sinceramente me caen gordas por lo desgastadas y huecas que se han quedado. Lo confieso, he caído en ellas y, cuando me veo allí tratando de llegar a la orilla, a veces no quiero coincidir, no quiero rendirme, ni sacrificarme, ni ser fuerte, y mucho menos tener paciencia, que es algo de lo que la naturaleza o el ser supremo no me dotó. Por eso ahora me enlisté en las filas de las filosofías orientales para ver si consigo que se me pegue algo de esas sabidurías ancestrales.

Como escribo, he sentido y entiendo esa respuesta de las madres hacia nuestros querubines. Sé de qué hablan. Pero también hay días en que no coincido. A veces siento culpa, pero la mayoría de las veces, no. Yo le he dicho a mi hijo: "Hijo, te voy a regalar a la ciencia para que hagan experimentos contigo." (Broma de Monty Python, pero hay días en que el humor negro es el único salvavidas emocional). También, en días en que las cosas me sobrepasan, le he dicho: "Hoy me cansa ser tu madre, por favor, no salgas de tu cuarto durante dos horas."

Y lo digo con harto amor y corazón. Porque hay días duros, confusos, absurdos, caóticos y también, la mayoría, días luminosos, felices y llenos de enseñanza. ¡No hay maestros más grandes que los hijos! Lo juro. Y todo eso es maternidad, y las mujeres que somos madres lo vivimos cada día, con y sin festejo.

Este día que los mercadólogos y las tiendas departamentales nos gritan en la cara que somos madres, me reconozco en la mía. En su manera de resolver. En sus silencios. Y también me reconozco lejos de ella, tomando decisiones que yo, en este contexto, no habría tomado en su lugar. Observar este contraste es ser hija porque he sido madre.

En este día o en cualquiera, abrazo a las madres que maternan con el alma, a las que lo hacen sin que se note, a las que lo hacen mal y siguen, a las que quieren ser mimadas este día sin culpa; y también a las que, la verdad, esta fecha nos da igual. ¡Hagamos lo que nos dé la gana con la maternidad y con sus festejos!

 


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