💔¿Qué hubiera pasado si...?
En la fantasía recurrente de cualquier persona, juro por mi vida que, siempre ronda esta pregunta que inquieta: ¿Qué hubiera pasado si...? Sobre todo cuando la rutina se repite, el dedo índice se enreda en mechones de pelo, y la mente se va por un túnel de decisiones pasadas, que en este momento parecen tan absurdas como imborrables.
El otro día, en una charla con un señor con el que tuve un romance, de esos que una no está segura si clasificar como “historia importante” o como “aprendizaje disfrazado de drama”, salió el tema. Y me dijo, textual: “Siempre me he preguntado qué hubiera pasado si no hubiéramos andado tú y yo… y mejor hubiera andado con Mariana, no sé.. la verdad hubiera andado con cualquiera de las dos.” Sí. Leyeron bien,“O con Mariana, o cualquiera de las dos.” Como si el amor fuera múltiple choice. Como si yo fuera la opción B de un menú de fonda. Como si una no tuviera dignidad… o al menos un poquito de orgullo mal colocado pero todavía en pie.
Debo confesar que, en mis fantasías tontas y juveniles, jamás se me cruzó por la cabeza que él dudara de su elección. En mi versión de los hechos, yo aparecía como una ninfa entre nubes celestiales, y él, pobre mortal, no tuvo más remedio que rendirse ante mi fulgor. Así, sin pensarlo dos veces. Porque, obviamente, ¿quién podría resistirse?
Según yo, él me miraba como si yo fuera un poema de Mario Benedetti recitado por Chavela Vargas. Yo alivianaba sus traumas con abrazos tibios y besos con olor a café. Nos peleábamos por tonterías, sí, pero terminábamos en carcajadas. Nunca me juzgaba por llorar con comerciales de yogurt. Y yo… aunque me enojaba cuando se olvidaba de nuestras fechas, en mi fantasía no era olvido, era que tenía mucho trabajo. Porque en mi versión de los hechos, él era bueno para mi y me amaba. Solo era un poco disperso.
Fue un balde de agua fría cuando descubrí que en la vida real, lo que yo imaginaba no se acercaba en lo más mínimo a mi fantasía. Él era de los que desaparecían tres días “porque necesitaban espacio”. No era espacio, era… pónganle la idea que se les ocurra, ja. Y yo era de las que escribía cartas a mano con frases largas, dramáticas, y que casi siempre terminaban en: “pero bueno… tú dime.” ¡qué bueno que no existía WhatsApp, porque me hubiera bloqueado! Y quizás me hubiera dado cuenta antes y no treinta años después de todo lo que pasaba por su cabeza, tampoco hubiéramos sido una tragedia hermosa con estampa de postal vintage. Tal vez por eso solo fuimos una de esas novelas que empiezan con intensidad y terminan sin epílogo.
Esa confesión, aunque honesta, fue como un golpe a mi ego y para superarlo y no sentirme mal me pregunté: ¿Qué hubiera pasado si yo, en lugar de andar con él, hubiera salido con Víctor? Ese que me miraba con ojos de borrego a medio morir. Ese que me escribía poemas sin saber escribir. ¿Hubieran empatado más nuestras neurosis? ¿Nos hubiéramos reído de memes de Los Simpson? Miento, en ese tiempo no había memes... ja.
Y también me pregunto ¿Qué hubiera pasado si no…? No lo sabré jamás, pero qué bueno que pasó así. Porque a veces la vida nos protege incluso de nuestras mejores intenciones. A veces nos salva con una bofetada de realidad. Y muchas veces, nos embarra en la cara lo engreídos que fuimos al creer que éramos irremplazables, poniéndonos en el camino exes que aparecen de la nada, como hologramas del pasado, para recordarnos que ese casi no fue suficiente. Que no era ahí. Y que gracias a Dios... sucedió así y ahora tengo otro amigo y un poco más de humildad o quizás no.



A veces la vida nos salva incluso de nuestras mejores intenciones… ¡Me encanta!
ResponderEliminar