“Trágate los libros”

 



“Trágate los libros”, me dijo una vez mi hermana, cuyas preocupaciones no están únicamente en haberse graduado de la universidad, sino en hacer negocios que, francamente, a veces ni rentables son, ja. Pero siguiendo su consejo lo hice: cursos, talleres, diplomados, certificaciones con nombre rimbombante. En conclusión, me convertí en una aprendedora continua, que dicho sea de paso, es un concepto que utiliza una universidad que me encanta y con la que algunas veces trabajo. En fin, que de eso de creer que siempre aprendo algo tengo mis insignias que brillan como si fueran lingotes de oro.

He estudiado, creo que como muchos, un montón de tonterías con la idea de que cada diploma es un nivel de un videojuego que me acerca a algo, que me dará superpoderes u otras vidas, ja. ¡No! Porque ese “algo” nunca se ha clarificado del todo y siempre hay algo más que aprender con urgencia. Y eso me recuerda al fregadero de trastes, donde por alguna razón siempre hay un vaso o un plato sucio.

Vivimos en la era de la sobreoferta educativa: hay más cursos que tiempo, más promesas que realidades. Todo parece diseñado para hacernos sentir que seguimos avanzando, aunque muchas veces solo caminamos en círculos, acumulando PDFs y claves de acceso que olvidamos tan rápido como el bot capturó tu tarjeta de crédito para hacer el cobro.

La contradicción que más me intriga y no logro acomodar en mi cabeza es que, mientras todos nos tragamos, sin digerir adecuadamente, libros (digitales, claro), aparece la inteligencia artificial que no solo “lee” por nosotros, sino que responde, escribe, analiza y hasta piensa con una velocidad que nos deja sentados con cara de “¿para qué estudié tanto?”. Lo que es mejor: sus respuestas son -si eres capaz de escribir un buen prompt, claro- lo que más se asemeja a la verdad absoluta… o eso creemos.

Me cuestiono y algunas veces he preguntado a las personas que conozco dentro de la docencia: ¿cuál es el sentido de asistir a la universidad y trabajar en tu formación cuando una máquina puede resumir en segundos lo que antes requería horas de lectura y reflexión? Incluso me he cuestionado la sobrevivencia de las universidades como las conocemos, evidentemente nadie más que la IA podría predecir el futuro incierto de la “educacion”.

También creo que tal vez ya no se trata de aprender, sino de coleccionar credenciales. Quizás, jugándole un poco a la pitonisa, la educación continua es un placebo: nos calma, nos hace creer que seguimos en movimiento, aunque lo único que hacemos es alimentar una industria hambrienta de nuestra eterna insatisfacción.

¿Y entonces qué queda? ¿Dónde queda la profundidad, la pausa, el verdadero análisis? El más famoso de mi familia más lejana diría: “¿a dónde vamos a parar?” Y yo sigo preguntándomelo, con cada curso que me tienta y quiero saberlo todo, pero luego me encuentro con un chatbot que me resuelve lo que yo debería pensar, analizar e imaginar. Mucho menos se me ocurre reflexionar sobre la huella de carbono digital (esa la dejamos para otro rollo). 

 


La cuestión es menos pretenciosa que pensar si esta es otra forma de consumismo que nos genera una ansiedad incontrolable por no tenerlo todo, se trata de  cuestionarnos ¿realmente necesitamos aprenderlo todo y de la misma manera que antes? ¿cómo saber qué deberíamos aprender ahora? Sin que se convierta en una loca carrera sin meta.

 

*Imagen de IA, por cierto. 

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