El genio de los deseos (o “ten cuidado con lo que deseas y lo que no porque se te puede hacer realidad y luego qué carambas haces con eso”)
Pasa que todos, y me atrevo a afirmarlo, arriesgándome a que me digan “yo no”, ja, -me río porque esa será la frase que pondremos en el epitafio de mi madre- alguna vez hemos dicho: yo no haré eso, yo no haré aquello o, sencillamente cumpliré todos mis sueños o deseos, según sea el caso, y, casi siempre nos quedamos sin tiempo para todo menos para los “nunca”. Hablar de esto en particular y haber cambiado de tema me lleva a confirmar mi dispersión, porque iba a hablar del tiempo y otras cosas, pero ahora que escribo ya estoy pensando en todas las cosas que yo no iba a hacer: nunca me iba a pintar el pelo, nunca me iba a enamorar de un tonto, nunca iba a renunciar a un trabajo o a un sueño, nunca, nunca, nunca… ja, ja, ja.
Entonces hablemos del “nunca”, del tiempo y de los deseos. Porque si algo he aprendido es que el universo tiene un humor más negro que el alma de quien inventó los lunes, y cuando uno dice “jamás”, parece que allá arriba alguien toma nota y dice: “ah, ¿no? verás que sí…”, mandándote justo eso que juraste evitar, con envoltura, moño y toda la emoción de haberte sacado la lotería.
Es como si existiera un genio de los deseos especializado en ironías y estupideces. No te concede lo que pides, sino lo que dijiste que jamás querrías. Y ahí estás, con el cabello teñido, enamorada de un idiota y con una renuncia en el trabajo que dijiste que nunca ibas a dejar y sobre todo abandonando tus “sueños”, ja. Aunque en el origen parecía que los “nunca” eran todo lo que no habías deseado en la vida, todo indica que esos “nunca” cumplidos son lo que deseaste inconscientemente porque siempre vienen con lecciones que necesitabas aprender… aunque sea a patadas.
Así que, muy cerca de mi cumple, me encontré con una serie coreana de chunga que me hizo pensar que los genios de las lámparas tienen el switch volteado y funcionan chueco. Y si nos encontramos con uno (aunque no sea literal), en lugar de pedir tres deseos, deberíamos cuidarnos de que descubra esos tres “nunca”, porque nos los cumplirá muy rápido y sin previo aviso. En verdad, habrá que tener cuidado con lo que deseamos y lo que no, porque esto último es lo primero que se cumple, y sobre todo puede hacerse realidad y después no sabemos qué hacer con eso.
Y justo ahora, con la serie coreana, me dio por pensar que tal vez no se trata de pedir nada. Que los deseos, como en esa serie que estoy viendo, casi siempre llegan con letra chiquita, esa que nadie lee hasta que ya está metido en el enredo.
Mi próximo
cumpleaños está cerca y, aunque los odio y las celebraciones más, siempre hay
un pan de muerto con velita, anillo y toda la parafernalia del deseo que
todavía no sé cuál será. Pienso que tal vez no deba tener ninguna tontería en
mente y no desear algo en particular: ni más tiempo, ni menos arrugas, ni menos
“nunca” que cumplir.
Solo seguir aquí,
viendo cómo el tiempo pasa, sorprendiéndome de lo que sí hice, de lo que juré
que no haría e hice. Pienso que al final, si logro sonreír con los giros de
tuerca de la vida, entonces ese será el mejor deseo cumplido.
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